domingo, 30 de diciembre de 2007

A 20 años de su muerte, Jacques Anquetil sigue siendo recordado

MADRID -- El ciclismo tuvo una cita el domingo con el recuerdo, ya que se cumplieron veinte años del fallecimiento del francés Jacques Anquetil, Míster crono o Maestro Jacques, como era conocido el primer ciclista que ganó cinco Tours de Francia. Una leyenda que pasó a la historia, además por una curiosa personalidad en la que destacaba su sencillez y señorío, como señala uno de sus mejores amigos, el español Julio Jiménez.


Jacques Anquetil fue una leyenda en el ciclismo

Quincampoix, una aldea normanda, vio nacer a Anquetil el 8 de enero de 1934. En el mismo lugar reposan los restos de un mito que detuvo el reloj para siempre en Rouen el 18 de noviembre de 1987, a los 53 años, derrotado por un implacable cáncer de estómago en unos pocos meses. Sus familiares y amigos le rendirán un homenaje. El único español invitado por la familia de Anquetil es otra leyenda del pedal, Julio Jiménez, el Relojero de Ávila y señor de las cumbres.

"Anquetil y yo fuimos compañeros y grandes amigos, para mi era casi un hermano. Después del Tour íbamos juntos a correr criteriums. Le recuerdo con enorme cariño, aparte de un gran campeón era un señor fuera de las carreteras, sencillo, noble y generoso, que nunca perjudicó los intereses de sus compañeros aunque fuese el líder del equipo", recuerda Jiménez, celebre escalador con tres premios de la montaña en el Tour y Vuelta.

Anquetil, con un palmarés de cinco Tour, 2 Giros, 1 Vuelta y 9 títulos mundiales contrarreloj en 16 años de carrera profesional, coincidió con el ciclista abulense en el equipo Ford durante tres temporadas. Juntos fueron uña y carne en la ruta y a la hora de compartir pruebas de exhibición y distendidas cenas.

"Una vez vino a Madrid a disputar un criterium y le invité a mi casa junto a su mujer y Rudy Altig. Después de la competición fuimos al Corral de la Morería a ver a Lucero Tena (bailaora española de origen mexicano). No se quiso hospedar en un hotel, se quedó en mi casa y mi madre bajó desde Ávila con productos de la tierra para preparar la cena con Anquetil. Eso nunca lo olvidó", cuenta Julio Jiménez.
El Maestro, a pesar de sus 184 victorias, nunca se comportó como un "caníbal", apodo que hizo legendario al belga Eddy Merckx, otro del club de los cinco Tours.

"Cuando yo atacaba en carrera jamás me decía nada, mientras que los demás, sobre todo los italianos", me insultaban", dice el ex escalador abulense.
"En cuanto a palmarés Merckx le supera, pero como persona Anquetil era un número uno indiscutible. No era egoísta, ni en lo personal ni en lo profesional. En el Giro, en el año que fui de líder durante 11 días, me dijo que dejara la maglia rosa para que controlaran otros equipos y luego recuperarla. No le hice caso y me arrepentí porque por eso perdí la carrera", lamentó Jiménez.

Anquetil sacó la cara en un tema de plena actualidad en estos primeros años del siglo XXI: el dopaje. Admitió haber consumido drogas, e incluso le espetó a un Ministro francés en un debate televisivo: "Solo un idiota se puede imaginar que se puede hacer una Burdeos-París a base de agua. Los corredores tienen el mismo derecho a tratar sus dolores que un profesor de geografía". Palabras que pocos ciclistas se han animado a pronunciar en los tiempos presentes.
Tampoco era un santo delante de un buen vino o de una cerveza, su bebida favorita. Le gustaba vivir la vida, con independencia de su dedicación a la bicicleta. "Tomaba cerveza hasta en carrera. A veces se la ponían en la bolsa y otras se la compraban sus gregarios en los bares", comenta Julio Jiménez.
Sonada fue la farra en la que intervino Anquetil en 1964. Jiménez no olvida aquella hazaña del francés: "Ese año gané una etapa del Tour en Andorra y al día siguiente había jornada de descanso. Anquetil abusó de los caracoles, una de sus debilidades gastronómicas y de la bebida, sobre todo de la cerveza, que era lo que más le gustaba y del vino, ya que alcohol fuerte no consumía. Al día siguiente atacaron de salida los compañeros de Bahamontes, los del Margnac Paloma. Yo creí que iban a por mi y les vacilaba en cabeza de carrera, pero iban a por Anquetil porque se habían enterado de la fiesta de la noche anterior. Pasó el primer puerto descolgado con tres minutos de retraso, pero en la bajada se lanzó y alcanzó a todos. Aquello fue inolvidable".
Bahamontes, El águila de Toledo, ganador del Tour en 1959, se rinde a la calidad de Anquetil, pero nunca olvidará que le arrebató en 1963 en Chamonix su segundo Tour "gracias a la ayuda de un motorista".

"Como ciclista fue un fenómeno, el hombre a batir, un especialista en contrarreloj, aunque subiendo mi rival era Charly Gaul. Tenía un equipazo y remataba siempre en las cronometradas. Nunca olvidaré la etapa de Chamonix. Ese día me la jugó sirviéndose de un motorista que le lanzó en la llegada. Me quitó el Tour", recordó Bahamontes.

La popularidad de Anquetil le salvó a los componentes del equipo que viajaban juntos a los criteriums de más de un apuro. La policía canjeó más de una multa por exceso de velocidad por unas gorras firmadas por el ídolo del ciclismo francés y su compañero español que dominaba las montañas del Tour.

"En otra ocasión, en Dijon, un matrimonio francés me invitó a cenar en su casa y me llevé a Anquetil y otros compañeros. Dio la casualidad de que en la casa de al lado estaba como invitado Poulidor, el gran rival", recuerda Julio Jiménez.
Después de muchos años en combate ciclista, Anquetil y Jiménez se vieron en Francia en los primeros años de los 80 cuando el abulense era comentarista de la Ser para el Tour. "Recuerdo la ilusión que mostró por enseñarme a su hija".

"La última vez que le vi fue en 1985, cuando le pedí que viniera a la Vuelta a Cantabria. Fue cuando me dijo que tenía cáncer. Fui a buscarle a Biarritz y siguió la prueba con el director de carrera. El organizador me pidió que le atendiera a conciencia y le llevé a comer marisco, que era una de sus principales aficiones. Ese día pidió con mucha pena que le permitiéramos beber un poquito de vino blanco, pero su mujer lo impidió por su enfermedad. Se fue contento de Santander y fue la última vez que vino a España", contó Jiménez.


Su inteligencia y racionalidad en carrera, de ahí el apodo de Maestro, contrastaba con su exagerada superstición. Aficionado a la astronomía, vivió con pasión su encuentro con el cosmonauta ruso Yuri Gagarin. Vivió un auténtico trauma cuando un futurólogo pronosticó que Anquetil moriría a mediados de un mes de julio, durante la disputa del Tour. Pasó muchas tardes sin salir de la habitación.

El sábado, en Qimcampoix, unos cuantos campeones se darán cita para recordar al primer gran mito del Tour. El Caimán Bernard Hinault y Poulidor, acudirán al acto organizado por Sophie, la hija de Jacques. Un acto para recordar la sencillez de un grande en la historia del ciclismo mundial.


* EFE (20 de noviembre de 2007)

No hay comentarios:

Publicar un comentario